jueves, 17 de enero de 2008

A la luna lunera


La silueta áspera de la soga pende a tu espalda,

trata de capturar el frágil cuello.

El verdugo aprieta las ideas, a fuego sobre la lluvia;

"ocho horas diarias de curro".

Silencio, que la soga oscila.

Raspaduras de cerebro amontonan un puñadito de libertad.

Acosa la vergüenza de mercadear tu alma muy barata.

Hombre gris se aproxima al oído:

-Hipoteca en crédito al 15% TAE.

Cuchillas chocan en el escalofrío de incisivos y molares.

Pedacito de esperanza deshabita tu pecho,

huellas drenadas por miradas huecas.

Demasiado lento atrapa el espejo la imagen.

-La unidad de desarrollo social: la familia.

Culebras en el estómago,

repetición de espejos que se desdoblan en el primero,

el que se construye detrás del glóbulo ocular.

Hombre trajeado hace leer en voz alta:

-Educación para obtener título para adquirir trabajo, para ser productivo.

-Veamos, otra vez, repite conmigo:

Educaciooooooooón paaaara obteneeeeeeeeer...

Se pierde la mirada en el último rayo catódico

de una pantalla extinguida.

Simulas haber muerto,

hasta escribes un epitafio en el rincón de la soledad.

-Repite conmigo: Soy productivo, soooy competitivo, aceptaré trabajo basura.

Se espanta el espantapájaros

Quien no corre vuela

Mejor ave en mano que ciento volando

Repite conmigo

¡Repite conmigo!

Repite conmigo

A la luna, luna lunera

que me hace libre

estallar contra mi propia vida

para ser camino recorrido a dentelladas de ansias de libertad,

dispararle a bocajarro a la boca del hombre de gris

-Repite conmigo: Estoy muerto, me han reventado los sesos.

A la luna, luna lunera

eco de palabras hueras: explotación, dolor, trabajo a destajo,

orden, porra, seguridad, competitivo.

A la luna lunera

Agresividad, buen coche, peazo de casa,

Enlomado el obrero

Epitafios en los andamios... otro más a la fosa.

A la luna lunera

La muerte barata

El hombre del saco.

Estiro de la soga y la coloco en el pescuezo

del que tensa los hilos

del que da cuerda al hombre de gris

de quien toca la sirena a las ocho de la mañana desde el despacho de su cama,

a los ministros, a los plumiyas vendidos al capataz,

al que sujeta el látigo del despido,

al juez comprado de espúria sumisión a lo ilícito,

a los despertadores que matan días imposibles.

A la luna, luna lunera

mañana será otro día

ahora me marcho a la cama

que mañana toca currar;

en mi tiempo libre confeccionaré los gruesos hilos de la soga

para apretar los pescuezos de los caballeros de gris.






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