jueves, 14 de febrero de 2008

Cuando muere el hada


Me despedí de la oficina,
malvendí el coche,
Por el báter arrojé el móvil.
Me quedé sentado en silencio
En medio del salón.
El hada desapareció;
mi sombra y yo nada más.
En la calle había ruido,
atronadoras Sirenas de ambulancia,
curiosos y gritos,
Me asomé a la ventana,
quedé aterrado,
habían atropellado a mi hada.
Me sentí tan desolado,
que pedí disculpas a mi jefe,
me compré un coche de segunda mano,
desatasqué el móvil de mis tuberías
y retomé mi rutinaria existencia

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