miércoles, 14 de mayo de 2008


Bebo de los reflejos cristalinos de tus mejillas,
Me nutro del despertar de tus ojos en mi mirada.
Enervada compañera de sueños y heridas,
De pasos sobre huellas de ancestrales destierros,
De labios de lluvia y amapola.
Sombra febril de sempiternos delirios,
Con sonrisas esparcidas en una alfombra de ilusiones
Fuertes junto a la caída de una tarde tibia.

Besos en ascuas
Candentes y fuegos fatuos,
Recorren tus sábanas
Sojuzgados a ser cenizas tras el despertar.

Ligámenes amarran el libre albedrío,
Voluntad en sus manos
De bronce y esmalte negro en sus uñas.
La camisa de fuerza se ciñe a las obligaciones,
Ya eres incapaz de caminar,
Adoleces de tristeza tras ella…
Sin ella.

Con palabras, sus labios se manchan;
Sin besos su boca carece de existencia,
Duerme tan bella que el viento la mece,
La araña la vida
Y no detiene el tiempo,
Las horas miserables la condenan
a ir envejeciendo.

La ama tanto que se entrega, inmisericorde,
a la muerte,
Atraganta sus sueños de pastillas
Y detiene en ella el transcurrir del tiempo,
Las manillas del reloj coartan el rumbo,

Su amada eterna se esparce en el final.

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