jueves, 7 de mayo de 2009

Desde el suelo
veo máscaras pasar,
me quito la mía
y pido.
Solicito al viento
mi alimento
y sueño,
desde abajo,
donde en este preciso momento: es arriba.
Me da vértigo tantas voces liadas en el siencio,
y el claxon de la desmemoria corriendo hacia tu nada.
Me nutro de futuro
de visiones diáfanas,
de papel mojado
de cheques con sonrisa,
de un destello de suerte
de tenerla de compañera,
a mi manera su amor:
rebelde y a mi vera,
con su mano agarrándome cuando caigo
y zurciéndome las heridas
con su voz... y acurrucándome en el vuelo.
Me gusta ver mi sombra en la realidad
mientras vuelo.

Qué te queda en el pasado, humo.

Autoempleo

La libertad es la única forma de reencontrarnos en nuestra esencia de ser humano. La libertad es el motivo al desarrollo de nuestra personalidad, por ende una sociedad debe organizarse desde la premisa omnisciente de la libertad, tanto del colectivo como del individuo. Las células de libertad, son desde la organización de tu vida y su entorno (actividad laboral propia, autoempleo), la opción de especializarse en módulos de artesanía o artes aplicadas, la creación de talleres colectivos, la divulgación de la obra y su puesta en venta, la distribución, el contacto con otros colectivos... son de primordial importancia para poder comer de lo que producimos. La sociedad libertaria comienza por individuos libres. Nos quejamos constantemente del modo de producción capitalista, pero a su vez no lo dilapidamos construyendo una alternativa de hombre libres que, autogestionando sus actividades y poniendo puntos de distribución, comienzan a ser paradigma de una forma de trabajo y vida diferente. El autoempleo, en esta época de penuria económica, es una buena opción para no depender en extremo de los vaivenes de la economía del capital. Ganarse la vida con nuestra propia actividad, con vehemencia y constancia para ejemplarizar que otra forma de vida es factible.