martes, 29 de septiembre de 2009

VAMPIRO


Trece noches Donde deshilé mi vida Para destensar la madrugada Y ponerme hasta el culo de ti. Ya no me reflejo en el espejo, Me royeron las alas la carcoma Y ahora deambulo cual sombra Por los laberintos de tu existencia. Escanciar tu sangre es poseer tu esencia, Deshojando flores En mi destierro, Donde ya sólo escucho el rugido del mar, Ronco y fresca tu piel Atrapada entre mis dientes Sabrosa y bruja; Hasta que me percato Que eres tú quien, Frente al espejo, Mastica pausadamente (Sujetando entre tus níveas manos –uñas negras de gata-) Mi corazón.

jueves, 10 de septiembre de 2009

¡No tienes, coño, a dispararme!

La habitación del hotel era estrecha,
el ronroneo del ventilador recortaba el hilo de luz,
su revólver apuntaba contra mi pecho,
su mirada indirecta contra mi sed.
Ella temblaba,
sus manos llenas de sudor
sostenían con fuerza el arma.
-Yo no dejaba, ni un solo instante de contemplarla-
hermosa y asesina.
<<¡No tienes, coño, de dispararme!>> le susurré al oído,
mientras ella presionaba el cañón contra mi piel,
los latidos de mi pecho olían a polvora;
sus labios lloraban,
con sus ojos me ataba a un instante de desvelo;
junté mis manos con las suyas,
con la miraba me suplicaba que acabara con todo aquello.
Le dije que la quería,
pero le di la espalda
y me dirigí hasta la puerta.
Sentía su respiración,
la tensión de sus besos,
su cobardía y debilidades.
Creo que no me amaba lo suficiente:
fue incapaz de disparar.
Salí y dejé la puerta entreabierta.
El silencio y el pasillo del hotel fueron prolijos en la despedida.

Tiempo después,
me la encontré en un callejón,
donde mi vida dejaba de tener sentido.
La reconocí por su sombra y su andar quedo y delicioso;
los días la habían enseñado a no temblar.
Seguí caminando.
Sé escuchó un disparo que rajó la noche;
su sombra cayó de bruces.
Noté que quemaba el vientre,
la sangre fluía inmisericorde,
traté de taponar la herida con mis manos,
ella me miraba amante,
la contemplé más hermosa que nunca
escapando de mi silencio.
Me ardía la vida,
mis pasos ya eran de sangre.
Ella me amaba.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

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martes, 8 de septiembre de 2009

El gato negro atraviesa el lado izquierdo de mi cama
y raja en dos mi imagen contra el espejo.
Resbala la sangre por las grietas
de mi alma reflectada.
Me acerco y paso el dedo por la esquina,
me humedezco los labios.
Recuerdo sus besos
y se precipitan las piezas desajustadas
que forman mi imagen.
El silencio pesa grávido sobre mi espalda;
me lame el gato la mueca
y finjo
antes de disiparme yo también en el olvido.

domingo, 6 de septiembre de 2009

El centro de la hoguera

La brisa caducó en el centro de la hoguera;
la lluvia por dentro,
el trueno de mi derrota
partiendo en dos la noche:
cuando muero -en el amanecer-
jugando a equilibrarme
en una raya con tiza tensada
a ras de mis pasos.
Las huellas regresan
cuando se borran
y me salgo del camino recto,
torciendo, irremediablemente,
el presente,
para llegar a mañana
y no caer antes de la hora señalada.

Me pesa la vida,
cuando la trato de ordenarla
(tan malamente)
que siempre me sobran piezas de cordura.

jueves, 3 de septiembre de 2009


La sangre puede ser negra,
si se derrama de noche,
al llorar.

El corazón de hielo,
cuando son besos rescatados del pasado.
Las manos enfangadas
si ya no intentan alzarse y volar.
La vida monótona
si no existe el riesgo de sorprenderme en el mapa de sus sábanas.

Muerto,
si persigues una retahíla de sombras.
Pobre,
si calculas en dinero.
Mejor olvidar el olvido
y olvidarme.

Aráñame la piel
y bebe de mi sangre,
a ver si te envenenas
y comienzas a aprender a vivir sin mí.