martes, 27 de octubre de 2009

Desde la roca

Desde la piedra
un latido entrañable y el principio tras
el fin: en los dedos de los pies
sembrando cimiente en la piel.
Raspaduras en la roca
hasta llegar al fin al latido
donde se pulen tus labios
y llenarlos de saliva
para que brote la lengua,
y, sin palabras, quiebres
saliente por un recodo de la piedra.
Tallas los ojos
e invidente
adivinas mi presencia
sin estrellas bajo
izquierda.
La luz... y contamos días
para que el relámpago talle definitivamente tu vientre
Bendecida la mala estampa.
Entre el polvo te acercas
y con el cincel
-golpe fiero-
me devuelves a la roca,
mi sangre resvala por cada curva de vida,
y levantas los pies desnudos
de los restos del mármol
para retroceder hasta un recoveco de la oscuridad.
Templas el miedo,
y le llamas Dios,
o será el diablo
quien, a golpe de deseo,
preconiza tus senos
fríos sin lumbre
con fuerza y herida
naciente crepúsculo de tu helada armonía.
Me abrazas con hielo,
madre de la oscuridad,
para bautizar con cerveza
mi cráneo reverente.
Te saco a la noche,
tomamos un bar
revientas, con una cuchillada certera, a dos camareros.
Ya no tengo ninguna duda.
Querida oscuridad.

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