domingo, 27 de diciembre de 2009


Háblame del viento, que desgastaste mi piel a cada cuchillada contra la luna. Busco en las entrañas de las rosas, para ver si se tuercen las espinas y consigo rasgarte el alma para verme las heridas

sábado, 26 de diciembre de 2009


Buscabas besos tras la barra,
entre espuma de cerveza;
indagas bocas
que te desubiquen del sueño,
y te muerdan el destino
de esa noche perra
que aulla dentro de la botella
hasta el mar.

Marcas los naipes contra el muro,
y pones la fecha de despedida en la puerta del baño.
Las manecillas del reloj contra la luna,
cuarteas tus lágrimas
para que llueva por dentro
sin mojarte las heridas.

Sales del bar,
para penetrar en la noche
y extraviarte sin sombra
por los conatos de claridad
que te entran por vena,
en el borde de una luna tiznada en tu lengua.
Descanzas antes de revelar fotografías
de tu alma cabizbaja.

Antes de vomitar,
te traga un laberinto
y caes hasta la cara opuesta de la luna,
donde siempre se encontró mejor
tu sombra partida en dos por un rayo.

Arrástrame hasta tu mar
que yo también tomo veneno
para alcanzar la luna
y agarrarme fuerte al cielo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Neocon

Pegas bocaos al viento,
y la nada te sacia por ahora.
El hambre del pasado
germina en mis genes,
y aunque desgarre cada día la mentira,
siempre perteneceremos a una vida corrompida.
Si detengo el tiempo,
me subo al trapecio
y oscilo en la indisciplina
de escupir desde arriba
para ver, si con algo de suerte y buen tino,
le penetro en el cerebro el ácido
de las viejas testas y glorias del fascismo.
Avanzan las culebras,
pero aún no han aprendido a ponerse mirando al cielo,
condenados a arrastrarse por la arena y sus propios excrementos.
Si te distraes,
se te enroscan en el cuello,
y presionan,
y estrangulan tus delirios, lo único digno que nos queda a los hombres:
nuestros sueños.
Los bastardos de siempre
se envenenan con silencio,
en reuniones clandestinas
con bendiciones de antiguos nazis
de sotana y alcanfor.
Qué no me inyecten barbitúricos
para hacerme peón
en sus espuriosos tableros
donde nosotros consumimos
y ellos mueven.