sábado, 26 de diciembre de 2009


Buscabas besos tras la barra,
entre espuma de cerveza;
indagas bocas
que te desubiquen del sueño,
y te muerdan el destino
de esa noche perra
que aulla dentro de la botella
hasta el mar.

Marcas los naipes contra el muro,
y pones la fecha de despedida en la puerta del baño.
Las manecillas del reloj contra la luna,
cuarteas tus lágrimas
para que llueva por dentro
sin mojarte las heridas.

Sales del bar,
para penetrar en la noche
y extraviarte sin sombra
por los conatos de claridad
que te entran por vena,
en el borde de una luna tiznada en tu lengua.
Descanzas antes de revelar fotografías
de tu alma cabizbaja.

Antes de vomitar,
te traga un laberinto
y caes hasta la cara opuesta de la luna,
donde siempre se encontró mejor
tu sombra partida en dos por un rayo.

Arrástrame hasta tu mar
que yo también tomo veneno
para alcanzar la luna
y agarrarme fuerte al cielo.

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