domingo, 20 de diciembre de 2009

Neocon

Pegas bocaos al viento,
y la nada te sacia por ahora.
El hambre del pasado
germina en mis genes,
y aunque desgarre cada día la mentira,
siempre perteneceremos a una vida corrompida.
Si detengo el tiempo,
me subo al trapecio
y oscilo en la indisciplina
de escupir desde arriba
para ver, si con algo de suerte y buen tino,
le penetro en el cerebro el ácido
de las viejas testas y glorias del fascismo.
Avanzan las culebras,
pero aún no han aprendido a ponerse mirando al cielo,
condenados a arrastrarse por la arena y sus propios excrementos.
Si te distraes,
se te enroscan en el cuello,
y presionan,
y estrangulan tus delirios, lo único digno que nos queda a los hombres:
nuestros sueños.
Los bastardos de siempre
se envenenan con silencio,
en reuniones clandestinas
con bendiciones de antiguos nazis
de sotana y alcanfor.
Qué no me inyecten barbitúricos
para hacerme peón
en sus espuriosos tableros
donde nosotros consumimos
y ellos mueven.

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