lunes, 18 de octubre de 2010

La Foto



Alex se encontraba en la Plaza España. Fumaba con parsimonia, hasta que una turista endiabladamente hermosa le solicitó si le podía sacar una foto. Le tendió la cámara. Alex apretó el botón y salió corriendo. La turista gritaba: ¡Al ladrón! ¡al ladrón! Cuando lo detuvieron confesó abrumado: que él para qué coño quería la cámara. Solamente necesitaba la foto. Se había enamorado como un adolescente. Ahora comparte cama con esa guiri, y todas las mañanas, antes de que se despierte, le saca una polaroid y se la guarda enseguida en el bolsillo de la camisa, para que se vaya revelando pausadamente al compás de su corazón.

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