miércoles, 29 de diciembre de 2010

Manuela

Mi amiga Manuela es una de esas tías
Que te hipnotizan si le miras el culo mientras camina.
No tiene casi amigas:
Es una hija de puta.
De tarde en tarde me pone un mensaje:
“estoy en el Farándula”
Si puedo acudo a su veneno.
Siempre me espera junto a ella un whisky con soda.
Me agrada su compañía,
Podemos estar una hora mareando el licor
Sin necesidad de decir nada,
Y sin embargo ninguno de los dos nos sentimos solos.
Ella me confiesa que sólo habla de cosas personales
Cuando está sobria,
Por eso se toma rápido la primera.
A veces me suelta cada cosa:
-Si me seleccionaran para el gran hermano,
Solamente metería en la maleta un vestido sexi y una recortá,
Y comenzaría a nominar uno por uno.

Ya dije que es una hija de puta.

No le conozco novio,
Sólo víctimas.
Pienso que le ponen más las rupturas que los comienzos.
No se preocupa por el presente,
Porque heredará el patrimonio de sus padres
Y eso le da más que suficiente para vivir dos vidas.
Me susurra,
Que cuando herede,
Será mi mecenas
Y me pondrá un piso.
Porque bien sabe que yo no tengo futuro.
Manuela se me extravía a veces
Por los claroscuros del bar.
Me da pena cuando le sangra la nariz.
Con delicadeza la limpio un poco
Y ella lanza bocaos al aire hasta que me hace reír.
Yo nunca intento salvarla,
Sé que antes ella me lanzaría al vacío.
También sé que algún día dejaré de recibir sus mensajes,
Que nos iremos volviendo silencio.
De vez en cuando volveré al bar que frecuentábamos,
El camarero, sin preguntarle, me dirá que hace tiempo que no ve a mi amiga Manuela.
Yo le pediré dos whiskies con soda,
Uno lo colocaré a mi lado.
Sacaré el pañuelo con la sangre seca de su nariz.
Y me alegraré pensando
Que quizás ya heredó
Y vive a todo tren.
Sonreiré para mis adentros
(Aunque al final no me pusiera un piso)

jueves, 16 de diciembre de 2010

Fun fun Dulce Navidad


El día que defenestramos a Papá Noel
Desde la tercera planta del Corte Inglés,
Todos creyeron que se ponía fin a la Navidad.
Los hijos de puta de los renos aprovecharon
Para cornear el trasero del gordinflón,
Desquitándose así de tantas décadas de esclavitud:
<<¿Donde coño se ha visto un reno volar?>>, pensaban mu cabreados.
(Un burro, mira; pero un reno)
Al principio todos nos pusimos tristes,
Pero poco a poco,
Cuando las amas de casa pensaron,
que ese año se librarían
De horas interminables en la cocina,
Para atiborrar a sus ahítos comensales,
Comenzaron a tararear con sorna
<<¡Navidad, navidad, puta navidad!>>
Los gobiernos proclamaron el estado de alarma,
Y, a golpe de decreto,
Quisieron llevarnos a consumir.
Pero Cristo nació,
dio pronto el estirón,
Y a mamporro limpio vareó a sus señorías.
Las comidas de empresa fueron un verdadero desastre:
Se amotinaron los empleados
Y por cada hora extra no pagada,
Una colleja se llevó el jefe;
Vamos que no tuvieron otra que proclamar la autogestión.
Ese año no hubo juguetes,
Toda la familia jugaron juntos llenando parques y plazas.
Cristo andaba de un lado a otro muy enfadado
Proclamando la anarquía,
Sus ilustrísimas desertaron en tropel
Blasfemando contra el Hijo del Padre del espíritu santo.
El día que se clausuró la navidad,
Todos fuimos un poco más libres,
Sino que se lo digan a los renos,
Que desde entonces pacen tan ricamente
En una reserva natural.
(y no citaré a los pavos, sino esto ya sería muy largo)

lunes, 13 de diciembre de 2010

SONÁMBULOS QUE CAYERON DEL ALAMBRE

Atrapo nubes con los dientes
y escupo sueños,
Para que diluvie sobre mi cabeza
y me parta un rayo (en dos):
una parte de carne y horario laboral
de huesos enmohecidos.
La otra, la más digna de mis sombras,
traficando dosis de libertad
al trasluz de la cara opuesta de la luna.
Justo allí hace la calle la Eli,
que machaca las noches
para hacer una raya
y empujarse
al otro lado de su frontera.

En la muñeca tengo tatuada una brújula,
y cuando gotea sangre de norte a sur
-de mis venas-
me rastrean los sonámbulos que cayeron del alambre
destensando las sonrisas,
y uno tras otro
van arrancándome un trozo de cristal.
Hasta componer entre todos
un espejo donde vernos reflejados
despojados de miserias,
amontonados tras la cara opuesta de la luna