lunes, 13 de diciembre de 2010

SONÁMBULOS QUE CAYERON DEL ALAMBRE

Atrapo nubes con los dientes
y escupo sueños,
Para que diluvie sobre mi cabeza
y me parta un rayo (en dos):
una parte de carne y horario laboral
de huesos enmohecidos.
La otra, la más digna de mis sombras,
traficando dosis de libertad
al trasluz de la cara opuesta de la luna.
Justo allí hace la calle la Eli,
que machaca las noches
para hacer una raya
y empujarse
al otro lado de su frontera.

En la muñeca tengo tatuada una brújula,
y cuando gotea sangre de norte a sur
-de mis venas-
me rastrean los sonámbulos que cayeron del alambre
destensando las sonrisas,
y uno tras otro
van arrancándome un trozo de cristal.
Hasta componer entre todos
un espejo donde vernos reflejados
despojados de miserias,
amontonados tras la cara opuesta de la luna

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