martes, 8 de febrero de 2011

El estrangulador pasivo

No tenía dinero aquel día ni pa´ comer.
Le abrió el pecho en canal,
E introduciendo su linda cabecita,
Le arrancón un trozo de corazón.
Masticaba tan lenta
Que a su marido le dio tiempo de encender el televisor
E ir ojeando programa tras programa.
Ella se retroalimentaba.
Sus cabellos surgieron teñidos de sangre,
Toda una muñeca cuando se lo proponía.
Le pidió unas monedas para ir a por el pan.
El tipo, con desgana, rebuscó, y las lanzó sobre el sofá,
A la vez que a ella le titilaban los anchos aros que colgaban de sus orejas.

Una tarde más
Ella introdujo la cabeza en sus vísceras.
Pero él ya no tenía corazón
Y la atrapó asfixiándola.