miércoles, 11 de mayo de 2011

LA REINA DEL TRAPECIO


Se mecía tenue al viento,

Seria,
...desconcentrada trazando estrellas
con su penetrante mirada,
rasgando la brisa.
Los latidos de su pecho en armonía
con el movimiento pendular.
Mejillas con rasgos de gata.
Era la reina del trapecio.

Con mínimo vestido de lentejuelas,
Sus piernas, la estela que delimita la frontera:
El sueño/ lo real.

Saltó precipitada,
Cabriola-giro
-Debió de distraerse: una milésima de segundo-
Contando estrellas y creyendo
Que un foco era la luna,
Que alumbraba la arena de la pista central.

Se precipitó contra el suelo
(Apenas sonó su cuerpo en la caída –ingrávido, sereno-)
Algunos payasos acudimos a recogerla,
pero ya solamente quedaba la silueta de su sombra.
Bebí su sangre,
y maquillé mi rostro
con las señas aún caliente de su muerte.

En la penúltima noche clara,
el circo calla
y el trapecio oscila.
La puedo contemplar
cuando atraviesa la luz de luna
-gata salvaje-

La pintura de mi rostro
me quema entonces punzante
-¿o es el corazón?
(y yo que la amaba en secreto)
ahora me enveneno de ella,
a cada oscilación del trapecio.

El maquillaje se derrite,
cae por mi rostro,
su sangre se derrama mezclada con mis lágrimas.
-Y gira, arriesgada, de nuevo:
la reina del trapecio-
Hasta que esta vez, quien se derrumba soy yo;
Y al alba, ya sólo queda la silueta
De mi cuerpo muerto.

En luna llena,
me agarro con fuerzas a su cintura;
Ella se burla de mi miedo:

-Si ya estás muerto, mi vida;
¿O es qué no te fías de mí?
-¡Nunca más diga eso! –le replico.
-¿El qué?
-Qué estoy muerto… porque jamás me he sentido tan vivo
como ahora abrazado a ti sobre el trapecio.

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