viernes, 22 de julio de 2011

QUERIDO



Iba a dispararse
justo
aquella noche.
Su esposa en la salita contigua
masticaba cristales.
A El se le llenaba la boca de sangre,
con hilo metálico, serenamente, fue suturando su corazón
para evitar que se le escurriera de las manos a
altas horas de la madrugada
cuando la penetrara.
<¡fóllate, querido!
¡fóllate!
el disparo fue atronador.
Ella en la sala contigua no dejaba de escupir cristales

uno
tras
otro

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