jueves, 29 de noviembre de 2012

MANOS DE LEJÍA



al lado de su cama, contenía a su esposo:
en la derecha.
a la izquierda se le acelera el pulso
y cortocircuitos en la tensión
almacenada en el trastero
de sus entrañas

cerradas a cal y canto.

debajo de la cama
un asesino en serie de sueños
-clavados en jirones de piel
al filo de hojas de calendario-
dando puñaladas a sus espaldas,
perforando la espuma del colchón
hasta lograr ensartarle el corazón
la cabeza y el coño.

ELLA entonces se quedaba dormida
y el calendario olía a su sangre
y el reloj
y la ropa interior del cajón

como bien podía se taponaba,
con sus manos de lejía,
las heridas
intentando quedarse dormida

y sólo así su voluntad y destino
se le orinaban encima

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