sábado, 22 de junio de 2013

EL APLAUSO FINAL


a Quique no le gustaba ser ignorado.
ofrecía rosas a la salida del metro,
eran baratas, pero al ciudadano no le gustaban las espinas
y la calle era una cicatriz
que partía la cara en dos.
deambulaban veloces, tumefactos, silenciosos
un cotarro con máscaras sin estrenar
despreciando las rosas, la boca, los ojos, el estómago, sin atreverse a la espina.
Quique, al caer la tarde, antes justo de marcharse a casa,
hacía el último trabajo,
le ponía una navaja apretada al cuello
a la indiferencia
entonces le soltaban el dinero, temblorosos o temblorosas
meándose encima, con miedo generoso de muerte
luego le daba a su víctima todas las rosas que le quedaban
y salía satisfecho
de ser el protagonista
equilibrando y compensando la mañana, con el aplauso final.

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