lunes, 26 de agosto de 2013

cuentas pendientes


se bajó del coche
se acercó
y le voló la cabeza
-esto no es poesía- susurró entre dientes
se sentó al lado del cadáver
se encendió un pitillo
el hilo de sangre se corría por la acera
hasta desahogarse por un sumidero
los coches seguían circulando
la tarde caía
mientras el asesino fumaba lento: pitillo segundo
al fin se dio levantado
se metió en el coche. arrancó. las llantas hacían chispas mientras se alejaba
entonces el muerto se levantó
agarró del suelo un cigarro a medias, lo apuró con dos caladas
el dolor era soportable
la vida no tanto
tenía una cuenta que saldar
pero no sabía realmente
hasta dónde acudir a pudrirse

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