sábado, 11 de julio de 2015

Hora punta


Puedes tratar de agonizar
tras una carta trucada en el bolsillo
desatascar la soledad arañando el espejo
esperando que el sonido a cristales quebrados
semejen algo parecido a un grito
que cae por la pendiente
o limitarte
a sacudirte la lluvia
cuando alguien llora a miles de kilómetros
del paisaje donde te contienes sujeto por pinzas
esperando el sol.
O puedes esperar a la noche
a la mañana siguiente
para pedirle otra oportunidad
al revolver descargado
que no encuentra el eco de la detonación
mientras alguien también a miles de ecos de distancia
sujeta la baja y lame las lágrimas
sabiendo que el mar puede ser también un desierto insalvable para el naufrago
que hace un gesto con la boca
como si quisiera disparar sin conocerte
soñamos autodestruirnos
aguardando que de las cenizas
aparezca la oportunidad
para no tenerle miedo al vacío
cuando pedaleas sin saber el rumbo
ni el norte de la caída
ni el trazo de la herida
ni la cantidad de sangre que le debes al destino
cuando nada es Nada
y dios se niega a darte el hilo de la sutura y un mapa
con una cruz marcando el punto de partida
y la locura es un bien necesario
para escapar del manicomio común
donde todos juran que solamente pasaban por ahí
a hora punta
mordiéndose la lengua
para no reconocer el miedo espeso que delata los estigmas
camuflados tras hermosos tatuajes
a la orilla de la piel

nadie vuela hoy tan alto
para ver los mensajes en la arena
donde intuyes el siguiente paso
para equilibrar los chacras
y gritar en el vacío
de otros
para escuchar cómo
mientras sonríen
tiemblan de miedo
y no sabemos realmente

donde se ubica el llanto dentro del silencio

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