En la fila de la
improvisación
Frente a un camposanto
tatuado en el pecho del amante
Los lirios lloran el amanecer pútrido
de un incierto horizonte ocre
En sus pupilas pernoctan
un par de lágrimas petrificadas
en cuyo interior
la lava de un volcán ruge
hasta achicharrar
la esperanza
El misterio de sus
Soledades
Un pergamino sujeto entre sus manos
muestran unas alas a punto de imaginar
cómo debe ser danzar
agarradas a la brisa del mar
Hacía tiempo que no sonreías
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