No espero que Te guste
solamente que Te duela
De oficio poeta
No espero que Te guste solamente que Te duela porque el verso es la convergencia de las cicatrices
El gélido arrullo de la inexistencia
desborda el penúltimo tango de la noche
Brindamos por los crisantemos de plástico
que simulan la soledad del alma en pena
Escancio tus lágrimas
para destilar la amargura de tus ausencias
y atreverme a deambular cerca de las brasas
de tu corazón
No estamos perdidos
porque nos encontramos justo en la trinchera
que cavaste con tus delirios de grandeza
para protegerte
del dolor ajeno en tu garganta
donde mueren las palabras
al contacto
con el viento
pérfido del
crepúsculo
El sereno de tus noches
quiebra la cerradura
de tu subconsciente
y busca la verdad
en el pozo de los deseos
donde el vil metal
se corroe al contacto con
tu sed
Una multitud derrotada
antropófaga
deambula inerte por la desidia
No se puede habitar en los claroscuros
de los desenamorados
Las costuras del escenario
donde una bailarina imita
el vuelo de una esencia extinta
La calma
Después de aceptar la derrota
La fragilidad como única opción
Para escapar de la desgracia
de quien olvidó sus sueños
A veces imagina
Los márgenes de su cama
llenos de esperanzas
Nuevamente el alma
Se puede sufrir más allá
de la acuidad de las espinas
En las sombras
que pernoctan en el corazón
Ella
busca ser
invisible
Y poder mirarse por dentro
a través de la grieta del espejo
Sus ojos en llamas
Porqué las heridas no se cerraron
mientras caminaba bajo la lluvia
Cuando recoge su cabello
frente al amanecer
una danza misteriosa
ilumina el paisaje cotidiano
Y la existencia -entonces-
parece tener sentido
En la indiferencia
Contexto de sí mismo
Contemplando el ruido
La prisa
El abismo a flor de piel
El alquitrán y las sombras
Los renglones habitados por la multitud
La rueda sigue girando
Y desde el fondo
unos ojos observan
el delirio de la realidad
Un extraño y alienante
Simulacro colectivo