El gélido arrullo de la inexistencia
desborda el penúltimo tango de la noche
Brindamos por los crisantemos de plástico
que simulan la soledad del alma en pena
Escancio tus lágrimas
para destilar la amargura de tus ausencias
y atreverme a deambular cerca de las brasas
de tu corazón
No estamos perdidos
porque nos encontramos justo en la trinchera
que cavaste con tus delirios de grandeza
para protegerte
del dolor ajeno en tu garganta
donde mueren las palabras
al contacto
con el viento
pérfido del
crepúsculo
El sereno de tus noches
quiebra la cerradura
de tu subconsciente
y busca la verdad
en el pozo de los deseos
donde el vil metal
se corroe al contacto con
tu sed