Hasta cuando esa densa pena bajo sus zapatos
Esas caricias indeterminadas atrapadas en la comisura de los labios
Dónde se encuentran los limites de sus huesos
El frío en las venas
Y una rosa triste en el corazón
En la caja de música gira una pequeña bailarina de nácar
Su alma consciente escucha el latido desde más allá del espejo
observando la rutina del anochecer
Le da cuerda a su melancolía
esperando que su piel sirva de partitura para descifrar la melodía de su destino
La ansiedad bajo la lengua
quizás al alba
se disuelva como un terrón de azúcar
y rompa el espejo para arriesgarse a bailar
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