Los días son todos fingidos en el filo de su pintalabios
Protege sus venas con esparadrapos
Le arroja migajas a los ratones que merodean sus desilusiones
Sonríe mientras finge gritar frente al espejo
maldiciendo la rutina universal de los muertos vivientes
Sigue regalándole su tiempo al mejor postor
El calendario bajo su lengua
Y la inquina inoculada en su conciencia
Pliega su alma y la coloca en una lata de sardinas
la cierra herméticamente
hasta que por sus heridas
rezuma una mezcla de sal y óxido
No hay salida
Las puertas parecen cerradas a cal y canto
Es desesperante la rutina bajo su lecho
Necesita un plan de esperanza
No sabe exactamente cuándo abrirá los ojos
Y se transformará en ella misma
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