En la resurrección de sus heridas
se encuentran un millar de ojos desterrados
Caminantes de anónimas almas
con una pena tan grande que las ninfas congelan sus lágrimas al borde del corazón
De hielo sus mejillas
Y un aullido tatuado en el eco de su silencio
Las palabras no tienen sentido
solamente el margen de la página donde reina el caos imperfecto del Ser
Busco la soledad como el preámbulo de la libertad
Préstame tus lágrimas para presentir tu amanecer
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